Un nano influencer es el escalón más bajo en la jerarquía de tamaño: entre 1.000 y 10.000 seguidores. Por bajo que suene, su impacto puede ser desproporcionado: la cercanía con su audiencia genera tasas de engagement que pueden llegar al 15%.
Su uso óptimo es en campañas donde la conversión depende de la confianza personal: productos especializados, B2B de nicho, marcas locales, o cuando se activan decenas de nano influencers en una misma campaña para crear efecto "boca a boca" digital.
El coste por colaboración es muy bajo, lo que permite escalar el número de creadores activos. Una marca puede trabajar con 30-50 nanos simultáneamente, cubriendo nichos geográficos o demográficos muy específicos que un macro no alcanzaría con la misma precisión.
Una desventaja es la operativa: gestionar 50 contratos individuales es complejo. Una agencia profesional como The King of Content centraliza casting, contratos y reporting para hacer escalable este tipo de campañas.