El seeding es la capa más barata de un sistema de contenido con creadores y la que peor se entiende.
La mecánica: se selecciona un grupo amplio de perfiles afines, se les envía producto sin contrato ni obligación, y se mide cuántos publican. Las tasas de publicación realistas van del 10% al 30% según categoría y encaje; prometer más es vender humo.
Lo que lo hace valioso no es el ahorro, es la naturaleza de lo que sale: una mención sin acuerdo previo ni obligación de identificar nada. Si el producto gusta, lo que se publica es más creíble que cualquier pieza pagada.
Y una advertencia jurídica que se pasa por alto: el envío deja de ser seeding en cuanto hay acuerdo sobre qué publicar. Ahí ya hay contraprestación y hay que identificar el contenido como publicidad.
Operativamente conviene tratarlo como un flujo continuo, no como una acción: envíos cada mes a grupos nuevos, seguimiento de quién publica, y promoción de los que mejor responden a colaboraciones pagadas.